Cuando alguien recibe un diagnóstico de neumonía, una de las primeras preguntas que surgen es: ¿qué la ha causado? La respuesta no siempre es sencilla, porque la neumonía puede tener varios orígenes. Aun así, las bacterias que causan neumonía son el agente más frecuente en adultos, y conocerlas ayuda a entender mejor el proceso, los síntomas y el camino hacia la recuperación.

¿Qué es la neumonía y por qué la causa un microorganismo?
La neumonía es una infección que afecta al tejido del pulmón, concretamente a los alvéolos, que son las pequeñas bolsas donde tiene lugar el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono. Cuando un microorganismo llega a esa zona, el sistema inmunitario responde con inflamación. El problema es que esa inflamación hace que los alvéolos se llenen de líquido y pus, lo que dificulta la respiración. Puedes imaginarlo como una esponja que, en lugar de estar llena de aire, se llena de agua: ya no funciona igual.
No todas las neumonías se comportan de la misma manera, y una razón importante es dónde y cómo se ha adquirido la infección.
Qué ocurre dentro del pulmón cuando hay una infección
El proceso empieza cuando el microorganismo supera las defensas naturales de las vías respiratorias: los cilios, el moco y las células inmunitarias. Una vez en el pulmón, coloniza el tejido alveolar y provoca una respuesta inflamatoria local. Esa respuesta es la que genera los síntomas típicos: fiebre, tos, dolor al respirar y dificultad para obtener suficiente oxígeno. La gravedad dependerá del agente causal, de la extensión de la infección y del estado de salud previo de la persona.
Tipos de neumonía según dónde y cómo se adquiere
Distinguir el tipo de neumonía no es solo un detalle técnico: influye directamente en qué bacteria es probable que la esté causando y, por tanto, en cómo se trata.
- Neumonía adquirida en la comunidad (NAC): es la que se desarrolla fuera del hospital, en el entorno cotidiano. Es la más frecuente y suele estar causada por bacterias como el neumococo.
- Neumonía nosocomial o intrahospitalaria: aparece en personas ingresadas, generalmente después de 48 horas de hospitalización. Las bacterias responsables suelen ser más resistentes a los antibióticos habituales.
- Neumonía asociada a ventilación mecánica: afecta a pacientes que reciben soporte ventilatorio en UCI y representa uno de los mayores retos terapéuticos en medicina intensiva.
Bacterias que causan neumonía: los principales agentes
Aquí está el quid de la cuestión. No existe una única bacteria que produzca neumonía: hay varias, y cada una tiene un perfil de paciente, una forma de presentarse y unas implicaciones distintas.
Streptococcus pneumoniae (neumococo): la bacteria más frecuente en adultos
El neumococo es la bacteria que causa neumonía con mayor frecuencia en adultos sanos, especialmente en mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas o fumadores. Produce lo que se conoce como neumonía típica: inicio brusco, fiebre alta, escalofríos, tos con expectoración purulenta y dolor en el costado al respirar.
La vacunación antineumocócica existe y se recomienda en los grupos de mayor riesgo, aunque la decisión siempre corresponde al médico en función del historial de cada persona.

Bacterias atípicas: Mycoplasma, Legionella y Chlamydia
Se llaman atípicas porque no se comportan igual que el neumococo ni responden a los mismos antibióticos. Su forma de presentarse también es distinta.
Mycoplasma pneumoniae y la neumonía errante
Mycoplasma pneumoniae es responsable de la llamada neumonía errante o ambulatoria, un término que hace referencia a que el paciente se encuentra relativamente bien y puede seguir haciendo vida casi normal. Es más frecuente en adultos jóvenes y adolescentes. Los síntomas aparecen de forma gradual: tos seca persistente, cansancio, fiebre moderada y a veces síntomas que recuerdan más a un catarro fuerte que a una pulmonía grave. Precisamente por eso puede pasar desapercibida más tiempo del que debería.
Legionella pneumophila: cuándo sospecharla
Legionella pneumophila se transmite a través del agua contaminada en sistemas de climatización, torres de refrigeración o instalaciones de agua caliente sanitaria mal mantenidas. No se contagia de persona a persona. Produce una neumonía que puede ser grave, especialmente en mayores, fumadores, personas con sistema inmunitario debilitado o enfermedades crónicas. La fiebre suele ser alta, y con frecuencia se acompañan síntomas digestivos y neurológicos, lo que puede dificultar el diagnóstico inicial.
Chlamydia pneumoniae
Chlamydia pneumoniae es otra bacteria atípica que circula con relativa frecuencia, aunque generalmente causa cuadros más leves. El inicio es gradual y los síntomas pueden confundirse con un catarro prolongado. Afecta sobre todo a adultos jóvenes.
Otras bacterias relevantes en situaciones específicas
Fuera de los casos más habituales, hay otras bacterias que cobran protagonismo en contextos concretos.
Las bacterias gramnegativas como Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa o Escherichia coli aparecen con más frecuencia en el entorno hospitalario o en personas con enfermedades pulmonares previas, inmunodepresión o uso prolongado de antibióticos. Son especialmente preocupantes por su tendencia a desarrollar resistencias.
Virus y hongos que también pueden causar neumonía
Aunque el foco de este artículo son las bacterias, conviene saber que la neumonía no es exclusiva de ellas.
Virus respiratorios: gripe, SARS-CoV-2 y VSR
El virus de la gripe, el SARS-CoV-2 y el virus sincitial respiratorio (VSR) son capaces de causar neumonía directamente. Además, una infección vírica puede debilitar las defensas del pulmón y facilitar una sobreinfección bacteriana secundaria, que es cuando la situación puede complicarse de forma más importante. Esto explica por qué la vacunación antigripal tiene también un efecto protector indirecto frente a ciertas neumonías bacterianas.
Hongos: cuándo son un riesgo real
Las neumonías fúngicas son menos frecuentes en la población general, pero representan un problema serio en personas con inmunosupresión severa, como pacientes trasplantados, oncológicos en tratamiento o con infección por VIH avanzada. Los géneros más involucrados son Aspergillus y Pneumocystis jirovecii, entre otros. En estas situaciones, el diagnóstico y el tratamiento deben adaptarse al perfil del paciente y al agente específico.
¿Quién tiene más riesgo de desarrollar una neumonía grave?
La neumonía puede afectar a cualquiera, pero no a todos de la misma manera. Hay factores que aumentan la probabilidad de que la infección sea más grave o de que aparezcan complicaciones.
- Los bebés y los mayores son más vulnerables, el sistema inmunitario de los recién nacidos y los lactantes aún está madurando, lo que les hace especialmente vulnerables a las infecciones respiratorias. En el otro extremo, las personas mayores presentan una disminución gradual de la eficacia del sistema inmunitario.
- Las enfermedades crónicas aumentan el riesgo, la EPOC, el asma mal controlada, la insuficiencia cardíaca, la diabetes, la enfermedad renal crónica y las inmunodeficiencias son condiciones que dificultan la respuesta del organismo ante una infección pulmonar.
- Hábitos de vida: tabaco y alcohol. Fumar daña los cilios del árbol bronquial, que son las estructuras encargadas de barrer las partículas y los microorganismos hacia el exterior. Sin ese mecanismo funcionando correctamente, las bacterias tienen más facilidades para colonizar el tejido pulmonar. El alcohol, por su parte, afecta a los macrófagos alveolares y reduce la respuesta inmunitaria local.
- Entorno y condiciones de vida. El hacinamiento, la contaminación ambiental, la exposición a humos o polvo en el trabajo y el acceso limitado a atención sanitaria son factores que aumentan tanto el riesgo de contraer una neumonía como el de que evolucione mal.
Fisioterapia respiratoria en la neumonía
Durante la fase aguda, cuando el paciente todavía está muy afectado por la infección, la fisioterapia se centra principalmente en evitar complicaciones secundarias como la atelectasia (colapso de zonas del pulmón), mejorar la ventilación en las zonas afectadas y facilitar la eliminación de secreciones espesas que dificultan la respiración. La intervención es siempre supervisada y adaptada al estado clínico del momento.
Cuándo está indicada y cuándo hay que tener precaución
La fisioterapia respiratoria no está indicada en todos los momentos ni para todos los pacientes sin valoración previa. Hay situaciones en las que algunas técnicas deben evitarse o modificarse: inestabilidad hemodinámica, fiebre muy alta, hemorragia activa, fracturas costales no estabilizadas o determinados tipos de derrame pleural. Por eso, la intervención siempre debe estar coordinada con el equipo médico y partir de una valoración individualizada.
Prevención de la neumonía bacteriana
Vacunación antineumocócica y antigripal: a quién va dirigida
La vacuna antineumocócica reduce el riesgo de neumonía por neumococo y se recomienda especialmente en mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas importantes y algunos colectivos profesionales. La vacuna antigripal, además de proteger frente a la gripe, reduce el riesgo de complicaciones bacterianas secundarias. La recomendación de vacunación la determina el médico en función de cada persona.
Hábitos que reducen el riesgo
Dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol, mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio físico habitual y controlar las enfermedades crónicas de base son medidas que refuerzan las defensas del organismo y reducen la probabilidad de desarrollar una neumonía o de que esta sea grave. La higiene de manos sigue siendo también una herramienta sencilla y muy efectiva para reducir la transmisión de microorganismos respiratorios.



