Respirar es algo que hacemos sin pensar, casi en piloto automático. Pero si nos detenemos un momento a observar lo que ocurre detrás de cada bocanada de aire, descubrimos un engranaje fascinante: un conjunto de músculos que trabajan en equipo para que el oxígeno entre y el dióxido de carbono salga.
Estos son los llamados músculos respiratorios, los verdaderos protagonistas del acto de respirar. No solo nos permiten llenar los pulmones de aire, también juegan un papel clave en cómo entrenamos, cómo descansamos y, en definitiva, en cómo vivimos.

¿Cuáles son los musculos respiratorios?
Se pueden clasificar en musculos respiratorios principales y accesorios.
Los primeros son los que hacen posible la respiración básica, esa que realizamos de forma automática, incluso mientras dormimos. Son imprescindibles para mantenernos con vida. Los musculos respiratorios accesorios, en cambio, entran en acción cuando el cuerpo pide un extra de oxígeno. Ocurre, por ejemplo, al hacer ejercicio intenso, al toser con fuerza o en situaciones de ansiedad y estrés, cuando el ritmo respiratorio se acelera.
Para poner un poco de orden en este complejo engranaje, vamos a clasificar estos músculos en cuatro grandes grupos. Así entenderemos mejor qué hace cada uno y cómo se coordinan entre sí para que respirar, algo tan sencillo en apariencia, funcione como un reloj.
1. Músculo diafragma: el motor principal
Es el músculo respiratorio más importante para la respiración. Este músculo en forma de cúpula se encuentra justo debajo de los pulmones y cumple una función clave: al contraerse, se aplana y desciende, lo que provoca que la cavidad torácica se expanda y el aire entre en los pulmones casi por efecto de succión.
Entrenar el diafragma no solo puede mejorar la capacidad pulmonar, si no que también ayuda a reducir la fatiga durante sesiones exigentes. Y eso, cuando el cuerpo va al límite, se nota.

2. Músculos intercostales: movimiento entre costillas
Intercostales externos
Se encuentran entre las costillas y ayudan a elevar la caja torácica durante la inspiración. Son fundamentales para expandir el tórax.
Intercostales internos
Estos músculos, a diferencia de los externos, tienen una función predominantemente exhalatoria: su contracción provoca que las costillas bajen, volviendo a su posición inicial.
Músculos supracostales
Poco conocidos, pero importantes. Se sitúan entre las costillas y ayudan a elevarlas durante la inspiración y retraerlas al exhalar. Aunque pequeños, su coordinación con los intercostales es clave en la respiración profunda.
3. Músculos abdominales: fuerza en la espiración
Al contraerse, ayudan a empujar el diafragma hacia arriba durante la exhalación forzada. Son vitales en actividades que requieren control del flujo respiratorio, como cantar, reír, o hacer ejercicio de alta intensidad. Además son muy importante para poder toser.
Oblicuos internos y externos
Los oblicuos internos permiten flexionar el tórax, estirando el diafragma, y contribuyen tanto a la inspiración como a la espiración.
Los oblicuos externos, ubicados más superficialmente, favorecen también la respiración controlada y voluntaria.
Recto abdominal
Este músculo tira de las costillas inferiores hacia abajo y facilita la espiración.
Transverso del abdomen
Situado a más profundidad, comprime las vísceras abdominales y la parte inferior del pecho, participando en la respiración voluntaria.

4. Músculos accesorios: apoyo en momentos de alta demanda
Estos músculos no actúan siempre, pero especialmente durante ejercicios o en situaciones que requieran una mayor demanda ventilatoria, su participación se vuelve crucial.
Escalenos (anterior, medio y posterior)
Ayudan a elevar las dos primeras costillas, facilitando la inhalación voluntaria.
Esternocleidomastoideo
Contribuye a elevar y dilatar la caja torácica con su contracción, facilitando el movimiento de bombeo.
Trapecios
Participan en la inspiración voluntaria al elevar la caja torácica.
Músculos serratos
Contribuyen a la inspiración voluntaria y profunda. El serrato anterior, en particular, es clave en respiraciones exigidas y estabilización del tórax.
Mecánica de la respiración: cómo funciona todo esto
La contracción de los músculos respiratorios genera una presión negativa en la cavidad torácica, lo que succiona el aire hacia los pulmones (inspiración). La relajación de estos músculos permite que el aire sea expulsado (espiración).
Beneficios de entrenar estos músculos
Respirar bien no es automático para todos. Entrenar estos musculos ayuda a:
- Aumentar resistencia física.
- Disminuir la hiperventilación (ayuda para la ansiedad)
- Mejorar la calidad del sueño.
- Elevar mi rendimiento respiratorio en deportes.
Salud respiratoria: cuando los músculos fallan
Respirar bien no solo depende de tener pulmones sanos. Detrás de cada inspiración hay una orquesta muscular que, cuando funciona correctamente, garantiza que el oxígeno llegue a todo el cuerpo. Pero ¿qué pasa cuando esa maquinaria falla?
La disfunción de los músculos respiratorios puede hacer que tareas tan simples como hablar, caminar o incluso dormir se vuelvan un reto. En personas con enfermedades crónicas o con afecciones neurológicas, esta debilidad muscular puede suponer la diferencia entre conservar cierta autonomía o vivir con una fatiga constante que lo empaña todo.
Por eso, entrenarlos no es un lujo, sino una necesidad. Fortalecer estos músculos mejora la calidad de vida, ayuda a mantener la independencia y alivia la carga respiratoria.



