Bronquitis crónica: guía completa

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La bronquitis crónica es una enfermedad respiratoria de carácter progresivo que afecta a millones de personas en el mundo. A menudo subestimada en sus fases iniciales, esta condición representa una de las principales causas de morbilidad respiratoria en adultos. Se encuadra dentro del grupo de enfermedades conocidas como EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), junto con el enfisema.

A diferencia de la bronquitis aguda, que es de duración limitada y generalmente de origen infeccioso, la bronquitis crónica se manifiesta de forma persistente, con síntomas que se repiten durante años.

¿Qué es la bronquitis crónica?

La bronquitis crónica es la inflamación prolongada e irreversible de los bronquios, los conductos encargados de transportar el aire hacia y desde los pulmones. Clínicamente, se define por la presencia de tos con expectoración de moco durante al menos tres meses al año, en dos años consecutivos.

Esta afección provoca una acumulación anormal de mucosidad en las vías respiratorias, dificultando la entrada de oxígeno y la salida de dióxido de carbono. Con el tiempo, esto produce un deterioro progresivo de la función pulmonar.

Infografía explicativa sobre la bronquitis crónica

En las fases iniciales, la bronquitis crónica puede no presentar obstrucción significativa del flujo aéreo. Sin embargo, en estadios avanzados, suele coexistir con otras manifestaciones del EPOC, como la disnea de esfuerzo y la reducción de la capacidad vital forzada.

Causas y factores de riesgo

La causa principal de la bronquitis crónica es la exposición prolongada a agentes irritantes que dañan los bronquios. Entre ellos destacan:

  • Tabaquismo activo (principal causa en más del 80 % de los casos)
  • Tabaquismo pasivo
  • Exposición ocupacional a vapores, polvo, humo o gases tóxicos
  • Contaminación ambiental
  • Deficiencia de alfa-1 antitripsina (condición genética poco frecuente)

Además, existen factores que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad. La edad es uno de los principales: a partir de los 40 años, las probabilidades crecen de forma progresiva.

A esto se suma el historial personal o familiar de enfermedades respiratorias, así como haber sufrido infecciones respiratorias frecuentes durante la infancia. Por último, un estilo de vida sedentario y una alimentación poco saludable también juegan en contra y pueden facilitar su aparición.

Fisiopatología: ¿qué ocurre en los pulmones?

La bronquitis crónica altera de forma progresiva la estructura y función de las vías respiratorias. A nivel fisiológico, se observan:

  • Inflamación constante del epitelio bronquial
  • Hiperproducción de moco por las glándulas submucosas
  • Engrosamiento de la pared bronquial
  • Disminución del diámetro de los bronquios
  • Obstrucción parcial y persistente del flujo aéreo

Todo esto conlleva una menor oxigenación, mayor trabajo respiratorio, dificultad para eliminar secreciones y mayor susceptibilidad a infecciones.

Síntomas de la bronquitis crónica

Los síntomas pueden variar según la etapa de la enfermedad, pero los más comunes incluyen:

  • Tos crónica, generalmente con producción abundante de mucosidad espesa
  • Presencia de esputo de forma diaria, especialmente en la mañana
  • Disnea (falta de aire), inicialmente al hacer esfuerzo y luego incluso en reposo
  • Sibilancias o ruidos al respirar
  • Sensación de opresión en el pecho
  • Fatiga persistente
  • Infecciones respiratorias recurrentes
  • Cianosis en labios o dedos en etapas avanzadas

En los casos graves, puede haber pérdida de peso, debilidad muscular, hinchazón en las extremidades inferiores y retención de dióxido de carbono en sangre.

Diagnóstico: cómo se detecta

El diagnóstico de bronquitis crónica se basa principalmente en la historia clínica y los síntomas. Para confirmar la sospecha, se utilizan herramientas complementarias como:

  • Espirometría: mide la capacidad pulmonar y permite detectar obstrucción del flujo aéreo (reducción del FEV1 y relación FEV1/CVF inferior a 0,7)
  • Radiografía de tórax o tomografía computarizada para evaluar daño pulmonar estructural
  • Análisis de esputo en caso de sospecha de infección bacteriana
  • Gasometría arterial: evalúa niveles de oxígeno y dióxido de carbono en sangre
  • Saturación de oxígeno por oximetría de pulso

Es fundamental descartar otras causas de tos crónica, como asma, tuberculosis o insuficiencia cardíaca.

Clasificación por gravedad: estadios GOLD

Según la clasificación GOLD, los pacientes con EPOC (incluida la bronquitis crónica) se agrupan en diferentes estadios según su FEV1(parámetro de la espirometría):

  • Estadio 0: riesgo, sin obstrucción (solo tos y esputo)
  • Estadio I: leve, FEV1 mayor al 80 % de lo esperado
  • Estadio II: moderado, FEV1 entre 50 % y 80 %
  • Estadio III: grave, FEV1 entre 30 % y 50 %
  • Estadio IV: muy grave, FEV1 menor al 30 % o con insuficiencia respiratoria crónica

Esta clasificación orienta el tratamiento y el pronóstico.

Tratamiento: cómo se maneja la bronquitis crónica

Aunque no existe una cura definitiva, la bronquitis crónica puede controlarse con una combinación de medicamentos, fisioterapia respiratoria y cambios en el estilo de vida.

Tratamiento farmacológico

  • Broncodilatadores: relajan la musculatura bronquial y facilitan la entrada de aire.
    • Agonistas beta-2 (salbutamol, formoterol, salmeterol)
    • Anticolinérgicos (ipratropio, tiotropio)
  • Corticoides inhalados: reducen la inflamación crónica de los bronquios.
    • Fluticasona, budesonida
  • Antibióticos: indicados solo en presencia de infecciones bacterianas o exacerbaciones graves
  • Oxigenoterapia domiciliaria: mejora la oxigenación en pacientes con hipoxemia crónica (PaO2 menor a 55 mmHg)
  • Vacunas anuales: contra la gripe y la neumonía por neumococo, para prevenir infecciones respiratorias que agraven el cuadro

Fisioterapia respiratoria: rehabilitación pulmonar

La fisioterapia respiratoria incluye programas individualizados con:

  • Ejercicio físico supervisado por un fisioterapeuta respiratorio
  • Técnicas de respiración controlada (como la respiración con labios fruncidos)
  • Educación para el manejo de síntomas
  • Asesoramiento nutricional y psicológico

Estos programas han demostrado mejorar la tolerancia al ejercicio, reducir las exacerbaciones y elevar la calidad de vida.

Cambios en el estilo de vida

En el tratamiento, hay una medida que marca la diferencia por encima de todas las demás y no viene en forma de pastilla: dejar de fumar. Es una decisión personal, sí, pero también la más eficaz para frenar el avance de la enfermedad y ganar calidad de vida.

A partir de ahí, conviene reducir al máximo la exposición a contaminantes, polvo o productos químicos. En entornos de riesgo, el uso de mascarilla no es un gesto exagerado, sino una barrera de protección necesaria.

La hidratación también juega su papel. Beber suficiente agua ayuda a que el moco sea menos espeso y más fácil de expulsar, algo clave para respirar mejor.

Y, como suele ocurrir, el estilo de vida vuelve a entrar en escena. Una dieta equilibrada y nutritiva, junto con actividad física regular adaptada a la capacidad pulmonar, puede marcar un antes y un después en el día a día del paciente. No es moco de pavo.

Exacerbaciones: cuándo la enfermedad empeora

Las exacerbaciones son episodios de empeoramiento súbito de los síntomas, generalmente causados por infecciones respiratorias o exposición a irritantes.

Signos de exacerbación:

  • Aumento repentino de la tos
  • Cambios en la cantidad, color o viscosidad del esputo
  • Mayor dificultad para respirar
  • Fiebre o dolor torácico

El tratamiento puede incluir antibióticos, corticoides orales o intravenosos, aumento de oxígeno y hospitalización en casos graves.

Pronóstico y evolución

El pronóstico depende del estadio en que se detecte la enfermedad, la edad del paciente, la respuesta al tratamiento y, sobre todo, del abandono del tabaco.

Si se suspende el hábito tabáquico en etapas tempranas, la progresión puede detenerse. La función pulmonar puede estabilizarse y mantenerse durante años. En cambio, si persiste el tabaquismo, el deterioro será continuo.

El seguimiento médico regular y la educación del paciente son fundamentales para el control de esta enfermedad crónica.

La prevención es clave en personas con antecedentes familiares de EPOC o que trabajan en ambientes de riesgo.

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