La bronquiolitis es una de las infecciones respiratorias más frecuentes en bebés y niños pequeños. Cada año, especialmente durante los meses de otoño e invierno, en nuestra clínica atendemos numerosos casos en menores de dos años, sobre todo en lactantes durante su primer año de vida.
Aunque puede generar mucha preocupación en los padres, es importante saber que la mayoría de los casos evoluciona favorablemente con cuidados en casa. Comprender cómo empieza, cómo progresa y qué señales deben alertarnos permite afrontar la situación con más tranquilidad.
En este artículo explicamos qué es la bronquiolitis, cuáles son sus síntomas, cómo suele evolucionar y qué cuidados recomendamos en casa, además de los signos de alarma que indican que es necesario acudir a urgencias.

Qué es la bronquiolitis
La bronquiolitis es una infección viral de las vías respiratorias inferiores que afecta a los bronquiolos, las ramificaciones más pequeñas de los pulmones.
Cuando estos conductos se inflaman y se llenan de mucosidad, el aire tiene más dificultad para circular. Esto provoca síntomas respiratorios que pueden resultar llamativos para los padres, como tos persistente o ruidos al respirar.
En nuestra clínica solemos explicar que esta inflamación provoca principalmente:
- Mucosidad
- Tos persistente
- Respiración más rápida de lo habitual
- Sibilancias o “pitos” al respirar
- Dificultad respiratoria en los casos más intensos
La causa más frecuente es el Virus Respiratorio Sincitial (VRS), aunque también pueden provocarla otros virus respiratorios. Esta infección afecta principalmente a bebés menores de dos años, con mayor incidencia durante los meses fríos del año.
Por qué los bebés son más vulnerables
Los pulmones y el sistema inmune de los bebés todavía están en desarrollo. Sus bronquiolos son mucho más estrechos que los de los niños mayores o los adultos, por lo que cualquier inflamación o acumulación de mucosidad puede dificultar el paso del aire con mayor facilidad.
Por este motivo, infecciones respiratorias que en niños mayores se comportan como un simple resfriado pueden provocar síntomas respiratorios más llamativos en los lactantes.
En nuestra experiencia clínica observamos que algunos bebés presentan mayor riesgo de desarrollar bronquiolitis más intensa. Esto ocurre especialmente en:
- Bebés menores de 6 meses
- Prematuros
- Niños con cardiopatías congénitas
- Bebés con enfermedades pulmonares previas
- Niños expuestos al humo del tabaco
En estos casos recomendamos realizar un seguimiento más estrecho y consultar ante cualquier empeoramiento.
Cómo empieza la bronquiolitis
Uno de los aspectos que más confunde a los padres es que la bronquiolitis suele comenzar como un resfriado común. Durante los primeros días los síntomas pueden parecer leves y muy similares a los de un catarro habitual.
En esta fase inicial el bebé puede presentar mucosidad nasal, estornudos, algo de tos y, en ocasiones, fiebre baja. También es frecuente que esté algo más irritable o que duerma peor debido a la congestión nasal.
Por este motivo, muchos padres no sospechan que se trata de bronquiolitis hasta que los síntomas respiratorios comienzan a intensificarse.
Evolución típica de la bronquiolitis
Aunque cada niño puede evolucionar de forma diferente, en la mayoría de los casos la bronquiolitis sigue un patrón bastante reconocible.
Fase inicial (días 1-3)
Durante los primeros días predominan los síntomas de resfriado. El bebé presenta congestión nasal, estornudos frecuentes y algo de tos. En algunos casos puede aparecer febrícula o fiebre baja.
En esta etapa el niño suele mantener un buen estado general, aunque puede mostrarse algo más incómodo o irritable.
Fase aguda (días 3-5)
A partir del tercer día aproximadamente, los síntomas respiratorios pueden aumentar. En nuestra clínica es frecuente que las familias consulten en este momento, ya que notan que la respiración del bebé ha cambiado.
Durante esta fase pueden aparecer:
- Respiración rápida (taquipnea)
- Ruidos respiratorios o sibilancias (pitos)
- Mayor esfuerzo al respirar (tiraje o movimiento excesivo de las costillas y abdomen)
- Tos más intensa
- Cansancio durante las tomas
Este suele ser el momento en el que la enfermedad alcanza su punto más intenso. Depende del caso, la intesidad puede llevarle a un ingreso hospitalario o a una recuperación en casa.
Fase de recuperación
Tras varios días de síntomas más intensos, lo habitual es que la respiración del bebé empiece a mejorar progresivamente. Poco a poco recupera su actividad habitual y vuelve a alimentarse con normalidad.
Sin embargo, es importante saber que la tos puede persistir hasta dos semanas, incluso cuando el resto de los síntomas ya han mejorado.

Signos de alarma: cuándo acudir a urgencias
Aunque la mayoría de los casos pueden manejarse en casa, existen situaciones en las que recomendamos acudir a urgencias para que el bebé sea valorado por un profesional sanitario.
Es importante buscar atención médica inmediata si aparecen signos de dificultad respiratoria importante, como respiración muy rápida, aleteo nasal o hundimiento visible de las costillas o el pecho al respirar.
También se debe acudir a urgencias si se observan cambios en el color de la piel, especialmente si los labios o las uñas adquieren un tono azulado o si el bebé presenta una palidez marcada.
Otro motivo de consulta urgente es la dificultad para alimentarse. Cuando un bebé come menos de la mitad de lo habitual, presenta signos de deshidratación o está excesivamente somnoliento o decaído, es recomendable una valoración médica.
Por último, las pausas en la respiración (apneas) requieren siempre valoración urgente, especialmente en lactantes pequeños.
Tratamiento de la bronquiolitis
Una de las preguntas más frecuentes de los padres es si existe algún medicamento que cure la bronquiolitis.
En nuestra clínica explicamos siempre que se trata de una infección viral y, por tanto, no existe un tratamiento específico que elimine el virus. El organismo del propio bebé es quien lo combate.
Por esta razón, los antibióticos no suelen ser útiles, ya que están indicados para infecciones bacterianas. Del mismo modo, los broncodilatadores o inhaladores no suelen ofrecer beneficios claros en la bronquiolitis típica de los lactantes.
El tratamiento se centra principalmente en medidas de soporte, que ayudan al bebé a respirar y alimentarse mejor mientras su cuerpo elimina el virus. En este sentido, la fisioterapia respiratoria pediátrica acorta los tiempos de recuperación y mejora la respiración del bebe.
Cuidados en casa para la bronquiolitis
En la mayoría de los casos, los cuidados domiciliarios son suficientes para favorecer la recuperación del bebé.
Las recomendaciones que damos habitualmente en nuestra clínica incluyen:
- Lavados nasales con suero fisiológico, especialmente antes de las tomas y antes de dormir, para eliminar mucosidad y mejorar la respiración.
- Ofrecer tomas más pequeñas y frecuentes, ya que algunos bebés se cansan al alimentarse cuando tienen dificultad respiratoria.
- Mantener al bebé ligeramente incorporado, lo que puede ayudar a que respire con mayor comodidad.
- Evitar el humo del tabaco y ambientes cargados, ya que irritan las vías respiratorias.
Estas medidas sencillas suelen ser suficientes para ayudar al bebé a superar la infección.

Cómo prevenir la bronquiolitis
Aunque no siempre es posible evitar la bronquiolitis, algunas medidas pueden ayudar a reducir el riesgo de contagio.
Las más importantes son:
- Lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de tocar al bebé.
- Evitar el contacto con personas resfriadas.
- Limitar visitas en recién nacidos durante la temporada de virus respiratorios.
- Mantener al bebé en un ambiente libre de humo de tabaco.
Estas medidas sencillas pueden ayudar a disminuir el riesgo de infección durante los primeros meses de vida.
Desde Fisiotórax siempre recomendamos realizar fisioterapia respirtaoria en fase de mucosidad para acelerar el proceso de recuperación del bebé, además recomendamos realizar lavados nasales frecuentes y mantener una buena hidratación.
Ante cualquier duda, consultar con un profesional sanitario permite actuar con tranquilidad y garantizar el bienestar del bebé.



