Lavado nasal en el recién nacido: Guía completa y segura 2025

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Tu respiración influye más de lo que crees. Descubre por qué cuidarla es clave para tu salud y energía.

En Fisiotórax lo vemos a diario: padres y madres que llegan preocupados porque su bebé no para de moquear y no saben muy bien qué hacer. Es normal. Los mocos en los recién nacidos son algo frecuente, casi inevitable, y cuando empiezan con dificultad para respirar o mal descanso, es lógico buscar soluciones.

El lavado nasal en recien nacidos genera cierta inseguridad al principio, pero lo cierto es que bien realizado, no solo es seguro, sino también muy recomendable.

Fotografía de un bebe con mocos que necesita un lavado nasal

La clave está en saber cómo hacerlo. No son pocos los que llegan a consulta abrumados por la cantidad de vídeos, consejos y tutoriales que circulan por internet. Información hay de sobra, pero muchas veces se contradice y acaba generando más confusión que otra cosa.

Desde nuestra experiencia en fisioterapia respiratoria pediátrica, hemos recopilado las dudas más comunes y los errores más frecuentes que vemos en consulta. Porque sí, hacer lavados nasales correctamente tiene su técnica: hay que conocer la postura ideal, cuánto suero utilizar y cómo manejar la situación para que el bebé esté lo más tranquilo posible.

En este artículo te contamos todo lo que necesitas saber para enfrentarte a los mocos de tu peque sin inseguridades. Además te dejamos un pequeño regalo al final.

Lavados nasales en recién nacidos: ¿sí o no?

La respuesta es un sí rotundo, si se hacen correctamente los lavados nasales son totalmente seguros y una herramienta indispensable en recién nacidos, especialmente en bebés que aún no saben expulsar los mocos por sí solos.

Durante los primeros meses de vida, y esto es clave, los recién nacidos respiran casi exclusivamente por la nariz. Hasta los seis meses, de hecho, es su vía principal para coger aire. ¿El problema? Que los orificios nasales son muy pequeños y se obstruyen con facilidad, sobre todo cuando hay mucosidad de por medio.

¿Y qué beneficios concretos tiene?

  • Limpia eficazmente las vías nasales, ayudando a eliminar el exceso de mucosidad.
  • Facilita la respiración, lo cual se nota especialmente durante las tomas y el sueño.
  • Previene complicaciones, como infecciones respiratorias, al evitar que los mocos se acumulen y estanquen.

Cuándo hacer los lavados nasales

Si el bebé respira sin dificultad y no hay mocos visibles y tampoco tose, no es necesario hacer lavados sistemáticamente. En estos casos, más no siempre es mejor.

La recomendación general es hacerlos antes de las tomas, para evitar que el bebé vomite, y antes de dormir, cuando respirar bien es clave para que descanse mejor. También conviene realizarlos en cualquier momento del día si notamos que la nariz está claramente taponada.

Y, por supuesto, si hay signos de que la situación empeora, como fiebre, tos persistente o dificultad respiratoria, lo primero es acudir al pediatra. Porque, aunque el lavado nasal es una buena herramienta, no sustituye una valoración médica cuando algo no va bien.

Materiales y preparación del lavado nasal

  • Suero fisiológico o solución salina estéril. La cantidad de suero fisiológico dependerá de la edad del bebé, pero suele ser entre 1,5–2 ml para niños pequeños y hasta 5 ml para niños mayores. En recién nacidos, menos volumen y más suavidad es la regla de oro.
  • Jeringa denebulización nasal: Son jeringas especializadas que nebulizan el agua y hacen que se reparta por toda la cavidad nasal del bebé, evitando dolores de oído.
  • Papel o una toalla para recoger el líquido que salga por el otro orificio nasal.

Antes de empezar, es preferible que el suero esté a temperatura ambiente para evitar molestias al bebé. Tenerlo preparado reduce los tiempos y ayuda a que el procedimiento sea más llevadero.

Postura recomendada

La posición del bebé es clave para que el lavado sea efectivo y seguro.

En lugar de tumbarlo, lo ideal es mantenerlo incorporado. Si es un recién nacido, puedes sujetarlo en brazos con la espalda bien apoyada contra tu pecho y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. Así el suero entra por una fosa y sale por la otra sin riesgo de que se vaya hacia atrás.

De este modo, se evita la postura tumbada, que puede resultar incómoda y favorecer otitis, y se asegura un lavado más eficaz.

Lavado nasal en bebés, paso a paso

Estos son los pasos clave para un lavado nasal eficaz en recien nacidos y bebes, sin sustos:

  1. Prepara la zona
    Pasa una gasa humedecida por la nariz para retirar los mocos resecos del exterior. Así el suero hará mejor su trabajo.
  2. Postura correcta (nunca tumbado)
    Mantén al bebé incorporado: en brazos, con la espalda apoyada en tu pecho, o sentado si es más mayor. Inclina ligeramente la cabeza hacia delante para que el suero entre por una fosa y salga por la otra. Evita la postura tumbada para no favorecer atragantamientos.
  3. Carga la jeringa
    Llénala con el suero fisiológico, a temperatura ambiente.
  4. Colocación en la fosa nasal del bebé
    Introduce suavemente la punta de la jeringa en una de las fosas nasales de tu pequeño. No tapes la fosa contraria: debe quedar libre para que el líquido y los mocos drenen.
  5. Aprieta la jeringa con decisión pero sin brusquedad
    Empuja el émbolo con confianza y a una presión continua. Es normal que parte salga y otra parte el bebé la trague: no pasa nada.
  6. Repite al otro lado

Con esta secuencia, el lavado resulta más eficaz y cómodo para el peque. Y recuerda: si notas empeoramiento (dificultad respiratoria, fiebre mantenida o tos que no cede), prioriza la valoración pediátrica.

Trucos útiles para mocos espesos

Si la mucosidad es muy espesa, puedes usar un nebulizador con suerlo fisiológico para reblandecer esa mucosidad. Otra ayuda simple es esperar unos segundos entre un pase y otro para que el suero haga su trabajo. Mantener el ambiente templado también suma.

Sobre aspiradores y peras de succión

No se recomienda utilizar una pera de succión o aspirador para eliminar la mucosidad porque puede irritar la mucosa o generar un vacío molesto. Aun así, si en algún momento se recurre a uno por decisión familiar, limpia bien la pera de succión después de cada uso para evitar contaminación.

Fotografia de una mama realizando un aspirado nasal, y un texto que pone: "Los aspiradores nasales pueden provocar irritación y daño en el oído"

Errores frecuentes que conviene evitar

  • Colocar al bebé boca arriba o tumbado, dificultando el drenaje.
  • Usar una jeringa normal sin boquilla de nebulización. Este tipò de jeringas son demasiado bruscas con el bebé y su acción de limpieza nasal es menor.
  • Usar líquidos no estériles o preparar “mezclas caseras”.
  • Hacer lavados “por rutina” cuando no hay congestión real.
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