Cuando un bebé se congestiona, todo se complica: respira mal, come poco, duerme peor… y tú, como madre o padre, solo quieres ayudarle a sentirse mejor. La buena noticia es que existen técnicas respaldadas por profesionales que, bien aplicadas, pueden mejorar notablemente la salud de tu peque.
Esta es una guía práctica, con base en mi experiencia real y cómo fisioterapeuta respiratorio especializada, sobre cómo manejar los temidos mocos en bebes.

¿Por qué los bebés acumulan tantos mocos?
Antes de entrar en materia, conviene entender qué está pasando. Los mocos, en realidad, no son el enemigo: forman parte del sistema inmunológico. Cuando son transparentes o ligeramente amarillentos, indican que el cuerpo está combatiendo virus o bacterias.
El problema principal es que los bebés tienen un sistema respiratorio inmaduro. No saben expulsar la mucosidad por sí solos, generan más cantidad que los adultos y no tienen mecanismos eficaces para eliminarla. El resultado: congestión constante y lloros.
Técnicas que funcionan
Nebulización con suero fisiológico
La combinación de suero y nebulizador es una de las herramientas más eficaces. Hidrata las vías respiratorias, afloja el moco y facilita su expulsión, sin necesidad de usar humidificadores en la habitación. Bastan 5 minutos una o dos veces al día.
DRR o Desobstrucción Rinofaríngea Retrógrada
Esta es una técnica que veréis en algunas clinicas, bastante efectiva en bebes pequeños si no se quieren usar jeringas. Lo ideal es colocarlo boca arriba o ligeramente inclinado de lado. La clave está en inmovilizar suavemente la cabeza, evitando movimientos bruscos que puedan complicar la maniobra. Se aplican dos gotas de suero fisiológico en cada fosa nasal y, acto seguido, se tapa brevemente la boca del bebé. Esta pequeña maniobra provoca una inhalación más fuerte por la nariz, lo que arrastra el suero hacia el interior ablandando y arrastrando el moco hacia abajo.
¿Y luego qué? Pues el moco puede acabar tragado, sí, incluso puede aparecer más tarde en la caca, o expulsado mediante tos o un pequeño vómito. Ambas opciones son señales de que el sistema está funcionando y el moco está saliendo del cuerpo.
Lavado nasal en bebés: una técnica sencilla con un impacto enorme
Entre todas las estrategias que menciono, el lavado nasal bien hecho es el ganador indiscutible. Puede parecer algo menor, pero cuando se aplica correctamente y se adapta a al bebé, los resultados son realmente notables. Es una de las formas más eficaces de mantener despejadas las vías respiratorias altas sin recurrir a fármacos.
Se utilizan jeringas especiales, diseñadas con difusores y puntas suaves y seguras para el uso nasal. Acompañadas de suero, y aplicadas con presión controlada, permiten limpiar ambas fosas y eliminar las secreciones más difíciles.
Aquí también se adapta la postura: el bebé debe estar sentado , lo que facilita el drenaje hacia fuera y evita que el moco se vaya hacia la garganta.
Presiones torácicas manuales
Se trata de presiones controladas con las manos, que ayudan a vaciar los pulmones y facilitan la expulsión del moco a través de la tos. Esto mejora la ventilación y ayuda a que el bebé respire con menos esfuerzo.

Los beneficios reales de la fisioterapia respiratoria en bebés: mucho más que quitar mocos
Hablar de fisioterapia respiratoria en bebés es, muchas veces, hablar de alivio. Pero también de transformación. Después de vivirlo de cerca, puedo decir que sus efectos no se quedan solo en el momento: cambian el día a día del bebé y del entorno familiar. Estos son algunos de los beneficios más claros que experimentamos:
Alivio de la congestión
En más de una sesión, bastaban unos minutos de lavado nasal y maniobras torácicas bien ejecutadas para notar la diferencia. El bebé empezaba a respirar mejor al instante. Su rostro cambiaba, se relajaba, y todo el cuerpo parecía soltar tensión. Es un efecto rápido y muy visible.
Mejora del sueño
Un bebé sin mocos duerme mejor. Así de simple. Al despejar las vías respiratorias, se reducen los microdespertares causados por la sensación de ahogo o la incomodidad al respirar. Dormir del tirón, aunque sea una hora más, es un regalo para todos.
Incremento del apetito
Cuando el bebé puede respirar bien, también puede succionar sin esfuerzo. En nuestro caso, tras cada sesión de fisioterapia, volvía el interés por el pecho o el biberón.
Prevención de infecciones y complicaciones
Mantener las vías respiratorias limpias es clave para evitar que la mucosidad se convierta en un problema mayor. Se reducen los riesgos de otitis, bronquitis, conjuntivitis e incluso la necesidad de antibióticos.
Tranquilidad para los padres
Este beneficio no afecta directamente al bebé, pero cambia por completo la experiencia de cuidarle. Saber que tienes herramientas para aliviar a tu hijo, sin improvisar, pero sin depender solo de medicinas, se nota en el día a día.
¿Cuándo es el momento de intervenir?
No hace falta esperar a que la situación se complique:
- Si el bebé come menos, duerme mal, ronca o está irritable, es hora de consultar con un fisio respiratorio.
- No deben realizarse técnicas de fisioterapia respiratoria si hay fiebre. En esos casos, lo prioritario es estabilizar al bebé.
¿Qué evitar? Algunas prácticas que no ayudan (o pueden empeorar las cosas)
- Humidificadores ambientales: pueden crear un exceso de humedad y no son tan efectivos como el nebulizador, que actúa directamente sobre el aparato respiratorio.
- Aspiradores nasales agresivos: los de perilla o succión excesiva pueden dañar las fosas nasales e incluso afectar el oído. Mejor evitarlos.
- Remedios caseros sin base científica: aunque suenen tentadores, pueden ser ineficaces o contraproducentes, como por ejemplo el clapping, los golpecitos en la espalda.
La fisioterapia respiratoria para expulsar mocos en bebés no es magia, pero cuando se aplican las técnicas adecuadas bajo la guía de un profesional, el cambio puede ser enorme. La clave está en actuar con información, hacerlo en el momento adecuado y no ir por libre.