La displasia broncopulmonar (DBP) es una enfermedad pulmonar crónica que afecta a bebés prematuros o con problemas respiratorios neonatales que han requerido ventilación mecánica u oxígeno.
Se caracteriza por inflamación y cicatrización pulmonar, con síntomas como dificultad respiratoria y dependencia de oxígeno más allá de los 28 días de vida. La displasia broncopulmonar en neonatos es una de las complicaciones más relevantes en neonatología moderna.

¿Qué es la displasia broncopulmonar?
La displasia broncopulmonar es una enfermedad pulmonar crónica del prematuro que aparece principalmente en recién nacidos extremadamente prematuros, especialmente menores de 28-32 semanas.
El diagnóstico se establece generalmente cuando el recién nacido prematuro continúa requiriendo oxígeno suplementario o presenta dependencia respiratoria al llegar a la fecha prevista del que hubiera sido su nacimiento.
Causas y factores de riesgo
La displasia broncopulmonar (DBP) no aparece por una sola razón. Es, en realidad, el resultado de varios factores que se combinan en un momento especialmente delicado: las primeras semanas de vida de un bebé prematuro.
El principal factor de riesgo es la prematuridad extrema, sobre todo en recién nacidos con menos de 28-32 semanas de gestación. A esas alturas, el pulmón aún está en pleno desarrollo. No está listo para enfrentarse al mundo exterior, y mucho menos para hacerlo sin ayuda.
A esto se suma la ventilación mecánica prolongada. Aunque es una herramienta imprescindible para mantener con vida a estos bebés, el soporte respiratorio intensivo puede irritar y dañar el tejido pulmonar inmaduro. Algo parecido ocurre con la toxicidad por oxígeno: el oxígeno es vital, sí, pero en concentraciones elevadas y durante periodos largos puede convertirse en un arma de doble filo.
No son los únicos factores en juego. Las infecciones neonatales y la persistencia del conducto arterioso ,una alteración cardiovascular frecuente en prematuros, también aumentan el riesgo. Cada uno de estos elementos añade una capa más de estrés a un pulmón que todavía no ha terminado de formarse.
En definitiva, el pulmón inmaduro es especialmente vulnerable al daño inflamatorio y a la cicatrización cuando necesita soporte respiratorio intensivo. Y en ese equilibrio delicado, cualquier complicación puede marcar la diferencia.

Síntomas de la displasia broncopulmonar
- Respiración rápida
- Tiraje costal marcado
- Sibilancias («pitos»)
- Coloración azulada (cianosis) en labios y uñas
- Fatiga durante la alimentación
La dependencia de oxígeno suele prolongarse más allá de los 28 días de vida, e incluso hasta la edad corregida de término.
Cómo se diagnostica la DBP
El diagnóstico de la displasia broncopulmonar es, ante todo, clínico. No existe una única prueba que dé la respuesta definitiva. Los médicos lo establecen a partir de la evolución del recién nacido y de varios criterios bien definidos.
El primer punto clave es el antecedente de prematuridad. Sin ese contexto, la sospecha pierde fuerza. La DBP prácticamente siempre aparece en bebés que nacieron mucho antes de tiempo, cuando sus pulmones aún no estaban preparados para funcionar por sí solos.
A eso se suma la necesidad de ventilación mecánica en las primeras semanas de vida. Si el bebé ha requerido soporte respiratorio intensivo, el riesgo aumenta. Y si además mantiene una dependencia prolongada de oxígeno, el cuadro encaja aún más.
El momento decisivo llega en la evaluación a las 36 semanas de edad postmenstrual, es decir, contando desde el inicio del embarazo y no desde el nacimiento. En ese punto se valora si el niño sigue necesitando oxígeno o apoyo respiratorio. Ese dato, más que ningún otro, termina de confirmar el diagnóstico y permite graduar la gravedad del problema.
No es una etiqueta que se ponga a la ligera. Es el resultado de observar la evolución del bebé y de comprobar que, pese al paso de las semanas, sus pulmones aún necesitan ayuda para hacer lo que deberían poder hacer solos.
Tratamiento de la displasia broncopulmonar
Cuando se diagnostica una displasia broncopulmonar, el objetivo no es resolver el problema de la noche a la mañana, sino acompañar al pulmón en su crecimiento. Se trata de darle margen para madurar, reduciendo al mínimo las complicaciones.

Para lograrlo, el abordaje combina varias estrategias:
- Soporte respiratorio. Es la base del tratamiento. Puede incluir oxígeno suplementario durante semanas o meses, ventilación mecánica u otros sistemas menos invasivos. El reto está en ajustar la ayuda sin añadir más daño a un pulmón inmaduro.
- Nutrición calórica intensiva. Un pulmón en desarrollo necesita energía. Mucha. Por eso se cuida al detalle el aporte de calorías y nutrientes. Sin una buena nutrición, el crecimiento pulmonar se resiente.
- Diuréticos. En determinados casos, se utilizan para reducir el líquido acumulado en los pulmones y facilitar la respiración.
- Esteroides. Pueden emplearse para disminuir la inflamación pulmonar en situaciones concretas, siempre valorando cuidadosamente riesgos y beneficios.
- Fisioterapia respiratoria. Es un pilar fundamental y, a menudo, poco visible. El fisioterapeuta respiratorio se encarga del drenaje de secreciones broncopulmonares, algo clave para evitar obstrucciones y complicaciones. Además, trabaja para mejorar la elasticidad del tejido cicatricial del pulmón, favoreciendo una mejor expansión pulmonar.
- Educación a la familia. El equipo, y especialmente el fisioterapeuta respiratorio, enseña a los cuidadores a identificar signos de alarma: aumento del esfuerzo al respirar, hundimiento de costillas, cambios en el color de la piel o dificultad para alimentarse. Saber cuándo acudir a urgencias puede marcar la diferencia.
Si el niño desarrolla una infección respiratoria, ya sea de vías altas o bajas, el fisioterapeuta respiratorio también interviene para estabilizarla y realizar un seguimiento estrecho durante meses. El objetivo es claro: asegurarse de que, pese a los tropiezos, el pulmón siga desarrollándose lo mejor posible.
En definitiva, el tratamiento de la displasia broncopulmonar es un trabajo en equipo. Cada pieza cuenta. Porque aquí no se trata solo de respirar hoy, sino de sentar las bases para una función pulmonar lo más saludable posible mañana.
Complicaciones asociadas
La displasia broncopulmonar puede dejar huella más allá del periodo neonatal. Entre las complicaciones más frecuentes destacan:
- Mayor riesgo de infecciones respiratorias, que pueden complicarse con más facilidad.
- Hipertensión pulmonar, un aumento de la presión en los vasos del pulmón que requiere seguimiento especializado.
- Retraso en el crecimiento, debido al mayor gasto energético y a las dificultades médicas iniciales.
- Problemas de desarrollo, que obligan a un control multidisciplinar en los primeros años de vida.
Por eso el alta hospitalaria no es el final del camino, sino el inicio de un seguimiento estrecho y prolongado.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de los niños se recuperan, aunque pueden requerir cuidados intensivos inicialmente y soporte respiratorio en casa.
Con el crecimiento, el pulmón continúa desarrollándose y muchos pacientes superan la dependencia de oxígeno en los primeros años de vida.
La Displasia Broncopulmonar en neonatos es una consecuencia de la prematuridad, no es una enfermedad sobrevenida, por lo tanto no es prevenible, pero sí es importante detectarla a tiempo y acompañar a la familia en todas sus necesidades.



