El asma es una enfermedad respiratoria crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Su evolución puede ser muy variable, pero un manejo adecuado, que combine tratamiento médico, educación y técnicas de fisioterapia respiratoria, permite reducir crisis, mejorar la ventilación y aumentar la calidad de vida. A continuación te presentamos una guía completa

Qué es el asma y cómo afecta a las vías respiratorias
El asma se caracteriza por inflamación persistente de los bronquios, aumento de la respuesta alérgica o irritativa y episodios de broncoespasmo. Esta combinación da lugar a obstrucción del flujo aéreo y dificultad para ventilar correctamente.
En personas asmáticas, la mucosa bronquial tiende a inflamarse con más facilidad, produciendo moco espeso y estrechamiento del calibre interno del bronquio. Por eso la enfermedad alterna periodos de control con episodios de empeoramiento.
Las variantes más comunes incluyen asma alérgica, no alérgica, inducida por ejercicio y ocupacional. Aunque comparten la base inflamatoria, los desencadenantes difieren y conviene identificarlos precozmente.
Síntomas del asma y señales tempranas que conviene no ignorar
Los síntomas más característicos incluyen dificultad respiratoria, opresión torácica, tos persistente y sibilancias. La presencia de episodios nocturnos o limitación al ejercicio suele indicar sobrecarga bronquial.
- Dificultad para respirar (disnea)
- Sensación de opresión torácica
- Sibilancias (silbido al respirar)
- Tos seca persistente, especialmente de noche o al despertar
Aunque estos síntomas pueden variar de una persona a otra, lo más importante es aprender a reconocerlos a tiempo para actuar con rapidez y eficacia.
¿Qué causa el asma?
Las causas del asma son multifactoriales. Se combinan predisposición genética y factores ambientales. Algunas de las causas o factores de riesgo más comunes son:
- Historia familiar de asma o alergias
- Exposición a alérgenos (ácaros, moho, polen, caspa animal)
- Contaminación del aire
- Tabaquismo (activo o pasivo)
- Infecciones respiratorias frecuentes en la infancia
- Ejercicio físico intenso, sobre todo en ambientes fríos
Saber qué desencadena tus síntomas es esencial para controlar la enfermedad de forma proactiva.
Diagnóstico del asma: cómo se evalúa la función pulmonar
El diagnóstico del asma no siempre es sencillo, especialmente cuando los síntomas son intermitentes. Entre las pruebas más habituales se encuentran:
Espirometría, la prueba estrella
La espirometría mide la cantidad de aire movilizado y la rapidez del flujo. Valores como FEV1 o la relación FEV1/FVC permiten clasificar la gravedad y evaluar respuesta a broncodilatadores.
Medición del flujo espiratorio (PEF): utilidad diaria
El Peak Flow, o medidor de flujo espiratorio máximo, es una herramienta sencilla pero muy útil ya que no solo sirve para hacer un seguimiento de la enfermedad, sino también es un recurso educativo clave para que el paciente aprenda a predecir una crisis.
¿Cómo funciona? Básicamente, mide la velocidad con la que una persona puede exhalar el aire de forma forzada. Esta medición predice si los bronquios se están estrechando, incluso antes de que aparezcan síntomas.

Tratamientos convencionales para el asma
El tratamiento médico se centra en mejorar el flujo aéreo y reducir la inflamación, se basa en dos pilares fundamentales:
- Controladores de uso diario: como los corticosteroides inhalados, que reducen la inflamación.
- Broncodilatadores de acción rápida: utilizados durante una crisis para abrir las vías respiratorias.
Aquí queremos reslatar que es muy importante la educación del paciente sobre el uso correcto de los inhaladores, es esencial para que el tratamiento sea realmente efectivo, ya que el mal uso de los inhaladores es más común de lo que se cree.
Evitar desencadenantes, cumplir el tratamiento pautado y monitorizar la función respiratoria ayudan a mantener la enfermedad estable y reducen exacerbaciones.
El papel de la fisioterapia respiratoria en el tratamiento del asma
Uno de los enfoques menos conocidos, pero extremadamente útiles, es el tratamiento de fisioterapia para el asma. Este tiene como objetivo controlar la enfermedad, prevenir las crisis y facilitar el drenaje de las secreciones que obstruyen los bronquios.
La fisioterapia respiratoria incluye técnicas como:
Drenaje de secreciones: presiones torácicas, nebulización y tos dirigida
En el manejo del moco se aplican protocolos con nebulizadores de suero que ablandan el moco y posteriormente, a través de presiones en el tórax, ejercicios respiratorios y la tos, conseguimos limpiar la mucosidad.
Estas técnicas reducen la obstrucción bronquial y favorecen una ventilación más eficiente.
Ejercicios respiratorios y el método Buteyko
En el método Buteyko se entrenan patrones más eficientes, evitando hiperventilación y promoviendo una respiración más controlada. Esto disminuye la sensación de fatiga y mejora la tolerancia al ejercicio.
Este método se basa en algo que, a simple vista, parece contradictorio: aprender a respirar menos. Pero tiene su lógica. El objetivo es reducir de forma consciente el ritmo respiratorio mediante respiraciones suaves, controladas y, en algunos momentos, pequeñas apneas. Así se evita la hiperventilación, ese respirar rápido y superficial que muchas veces empeora los síntomas, y se entrena al cuerpo para mantener la calma incluso en situaciones de dificultad respiratoria.
Con práctica, esta técnica puede ayudar a reducir el broncoespasmo, mejorar la oxigenación y disminuir la sensación de disnea. No sustituye al tratamiento médico, por supuesto, pero puede convertirse en un buen aliado para quienes buscan tener un mayor control sobre su respiración y, en consecuencia, sobre su asma.
¿Cómo prevenir crisis asmáticas en el día a día?
Prevenir una crisis asmática no es cuestión de suerte, sino de estrategia. Y esa estrategia se basa en tres pilares clave: un entorno saludable, ejercicio adaptado y buena educación sanitaria.
Control ambiental y hábitos protectores
Reducir alérgenos, ventilar correctamente, evitar irritantes y mantener espacios limpios disminuye la frecuencia de exacerbaciones.
Ejercicio físico adaptado
La actividad física controlada mejora la capacidad pulmonar y reduce la hiperreactividad bronquial.
Revisión de la técnica con inhaladores
Un aspecto que a menudo se subestima es el uso correcto de los inhaladores. Y aquí entra en juego la educación sanitaria. No basta con tener el medicamento: hay que saber utilizarlo bien. De hecho, una técnica incorrecta puede hacer que una buena parte del fármaco no llegue nunca a los pulmones.
El control del asma se apoya en conocimiento, prevención y un tratamiento bien ajustado. Con las herramientas adecuadas, es posible llevar una vida activa y sin sobresaltos.



